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FORASTERA · CERVEZA ARTESANA · MALLORCA

Tendencias de cerveza en Mallorca: Lager, Hazy IPA, Sour y sin alcohol

Las tendencias cerveceras no nacen solo en internet

De vez en cuando parece que alguien decide desde fuera qué tenemos que beber. Un año todo tiene que ser IPA. Luego todo tiene que ser Hazy. Luego Sour. Luego Lager. Luego sin alcohol. Luego “low alcohol”, que suena más elegante, aunque muchas veces solo significa que quieres beber otra y seguir funcionando.

Las tendencias existen, claro. Pero en una cervecería se ven de otra manera. No se ven solo en informes, ferias o artículos. Se ven en la barra. En lo que la gente pide. En lo que repite. En lo que prueba una vez y no vuelve a pedir. En lo que funciona un sábado de verano y en lo que se queda demasiado pesado después de dos tragos.

En FORASTERA no seguimos tendencias porque sí. Tampoco las ignoramos por orgullo. Las miramos desde Alaró, desde la fábrica, desde el taproom y desde una isla donde el calor, la comida, las rutas, el turismo, la gente local y el ritmo mediterráneo cambian mucho la forma de beber cerveza.

Algunas modas hacen ruido y se van. Otras dicen algo real sobre cómo estamos bebiendo ahora. Y otras parecen más una orden que una tendencia: bebe esto, come aquello, quita lo otro, pide perdón por disfrutar. Ahí ya empezamos a mirar el vaso con un poco más de desconfianza.

El regreso de la Lager: menos circo, más cerveza

Que la Lager vuelva a estar de moda hace gracia, porque para mucha gente nunca se fue. Lo que pasa es que durante años una parte del mundo craft miró a las Lager como si fueran demasiado sencillas, demasiado normales, demasiado poco extremas.

Y ahí está el error. Una buena Lager no es una cerveza aburrida. Es una cerveza desnuda. No tiene mucho maquillaje. No tiene una montaña de lúpulo tropical tapándolo todo. No tiene una acidez salvaje ni una etiqueta gritando desde la nevera. Si está mal hecha, se nota.

En una Lager no puedes esconder demasiado. Si la fermentación no está limpia, se nota. Si el agua no está bien trabajada, se nota. Si el amargor rasca, se nota. Si el cuerpo queda torpe, se nota. Es una cerveza que parece sencilla para quien la bebe, pero no siempre es sencilla para quien la elabora.

Por eso nos gusta que la Lager vuelva a tener respeto. Porque obliga a hablar de oficio, no solo de intensidad.

Nosotros no llegamos tarde al Lager: ya estábamos ahí

En FORASTERA no hacemos Lager porque ahora suene bien. Siempre hemos tenido una relación natural con ese tipo de cerveza. En una isla como Mallorca, una cerveza limpia, fresca, seca y bien hecha tiene muchísimo sentido.

Después de una ruta, con calor, en una terraza, con una pizza, después de trabajar, antes de cenar o simplemente porque no quieres pelearte con el vaso, una buena Lager tiene un sitio claro.

Eso no significa hacer cerveza sin carácter. Significa hacer una cerveza que no necesita ponerse pesada para demostrar que existe. Una Lager bien hecha puede ser elegante, directa, refrescante y mucho más honesta que muchas cervezas que intentan impresionar desde el primer sorbo.

Para nosotros, el Lager no es una retirada del mundo craft. Es una prueba. Si sabes hacer una cerveza clara, limpia y bebible, probablemente sabes algo de cerveza.

Por qué las Lager funcionan tan bien en Mallorca

Mallorca no pide siempre cervezas enormes. A veces pide justo lo contrario. Pide frescura. Pide un final seco. Pide algo que puedas beber con comida sin que se coma el plato. Pide una cerveza que acompañe una tarde larga, no una que te deje fuera de combate.

El clima cambia las reglas. Lo que en otro sitio puede apetecer en invierno, aquí en agosto puede ser demasiado. Una cerveza dulce, pesada o con mucho alcohol puede cansar rápido. Una Lager bien hecha, en cambio, puede parecer simple al principio y acabar siendo la que más sentido tiene.

También hay algo cultural. La gente no siempre quiere una experiencia extrema. Muchas veces quiere una cerveza buena. Punto. Una cerveza que entre bien, que esté limpia, que refresque y que no necesite explicación de cinco minutos antes del primer trago.

Eso, en Mallorca, vale mucho.

Hazy IPA: sigue viva, pero ya no basta con parecer zumo

La Hazy IPA tuvo su momento de gloria. Cervezas turbias, muy aromáticas, con lúpulo tropical, poca amargura aparente y esa sensación de zumo de frutas que conquistó a mucha gente.

Bien hecha, una Hazy puede ser preciosa. Aromática, suave, fresca, jugosa y muy agradable. Mal hecha, puede parecer un batido cansado, dulce, pesado y sin final. Y eso también hay que decirlo.

Durante un tiempo bastaba con que una cerveza fuera turbia para que pareciera moderna. Eso ya no alcanza. La gente ha probado muchas. Algunas buenas, otras muy flojas. Ahora una Hazy necesita equilibrio. Tiene que oler bien, sí, pero también beberse bien. Tiene que tener cuerpo, pero no parecer papilla. Tiene que tener lúpulo, pero no tapar todos los defectos.

La turbidez no es una virtud por sí sola. Es solo una característica. La cerveza tiene que funcionar igual.

IPA limpia: menos batido, más dirección

La IPA no está muerta. Cada cierto tiempo alguien lo dice, y luego alguien pide otra IPA en la barra.

Lo que sí ha cambiado es la paciencia de la gente. Ya no sorprende cualquier cerveza amarga o muy aromática. Ahora se nota más quién usa el lúpulo con criterio y quién lo usa como cortina de humo.

Una buena IPA no tiene que arrancarte la lengua. Tiene que tener dirección. Aroma claro, amargor limpio, base de malta suficiente y un final que no se quede pegado media hora. Puede ser West Coast, Hazy, Session, moderna, clásica o lo que quieras. Pero tiene que tener sentido.

En Mallorca, para nosotros, la IPA ideal no debería ser una pelea. Tiene que tener carácter, pero también ganas de otro trago. Porque aquí el contexto manda: calor, comida, terraza, rutas, turismo, gente local y mucha cerveza bebida al aire libre.

Sour Beer: amor, odio y calor mediterráneo

Las cervezas ácidas dividen mucho. Hay quien prueba una Sour y sonríe. Hay quien pone cara de “esto qué es”. Las dos reacciones son normales.

Una Sour puede ser muy refrescante. Puede tener acidez limpia, fruta, sequedad y una sensación que encaja muy bien con calor. En Mallorca, eso tiene lógica. No todo tiene que ser amargo o maltoso. La acidez también puede abrir el apetito, limpiar la boca y funcionar muy bien con comida.

Pero también hay muchas Sour que parecen hechas solo para sorprender. Demasiado ácidas, demasiado dulces, demasiado artificiales o demasiado cerca de un refresco caro. Ahí la cerveza se pierde un poco.

Nos gusta la acidez cuando tiene sentido. Cuando refresca. Cuando acompaña. Cuando no intenta convertir la cerveza en un caramelo líquido con nombre exótico.

¿Tiene sentido hacer Sour en Mallorca?

Sí, pero con cabeza.

El clima mediterráneo, la comida, las frutas, la salinidad del ambiente, el verano y la forma de beber en la isla hacen que una cerveza ácida pueda tener un lugar interesante. No como moda obligatoria, sino como una herramienta más.

Una Sour ligera puede funcionar muy bien en días de calor. Puede acompañar platos grasos, comida fresca, quesos, pescado, cocina mediterránea o simplemente una tarde donde una cerveza amarga no apetece.

Pero una Sour también necesita equilibrio. La acidez no debería ser un castigo. Una cerveza no es mejor porque te cierre un ojo al primer trago. Si la gente necesita hacer una mueca para demostrar que “entiende”, algo raro está pasando.

Low alcohol: beber más ligero sin pedir perdón

El interés por cervezas con menos alcohol no nos parece raro. De hecho, tiene bastante sentido.

Hay gente que quiere beber una cerveza y seguir conduciendo después. Gente que viene en bicicleta. Gente que hace senderismo. Gente que trabaja al día siguiente. Gente que no quiere terminar una tarde bonita como si hubiera perdido una pelea contra el barril.

Una cerveza con menos alcohol puede tener muchísimo sentido en Mallorca. El calor, las rutas, los planes largos y la vida social no siempre piden 7 grados de alcohol en el vaso.

El problema es cuando “low alcohol” significa cerveza aguada, triste y sin cuerpo. Ahí no. Si hacemos una cerveza más ligera, tiene que seguir sabiendo a cerveza. Menos alcohol no debería significar menos respeto.

Y ahora el elefante en la barra: cerveza sin alcohol

La cerveza sin alcohol está creciendo, sí. La gente la pide más. Hay más marcas. Hay mejores versiones que hace años. Y hay ocasiones en las que tiene todo el sentido del mundo.

Dicho eso: también hay mucha cerveza sin alcohol que sabe como si alguien hubiera castigado a una cerveza normal y le hubiera quitado las ganas de vivir.

No tenemos nada contra la cerveza sin alcohol. Al contrario: si está bien hecha, puede ser una opción muy buena. Para conducir, para después de deporte, para quien no quiere beber alcohol, para quien quiere alternar o para quien simplemente no tiene ganas de alcohol ese día.

Pero no vamos a fingir que todas son buenas solo porque el mercado diga que ahora toca aplaudir. Una cerveza sin alcohol tiene el mismo problema que cualquier cerveza: si no sabe bien, da igual la tendencia.

Sin alcohol no debería significar sin alma

El reto de una cerveza sin alcohol es enorme. El alcohol aporta cuerpo, textura, aroma, sensación en boca y equilibrio. Cuando lo quitas o lo reduces mucho, se nota.

Por eso muchas cervezas sin alcohol quedan dulces, vacías, metálicas, aguadas o con aromas raros. Hacer una buena sin alcohol no es fácil. Mucha gente se ríe del estilo, pero técnicamente puede ser más complicado de lo que parece.

Si algún día hacemos una sin alcohol, tendría que pasar una prueba sencilla: que nos apetezca beberla. No por obligación, no por salud, no porque “hay mercado”. Porque sabe bien.

Hasta entonces, respeto al intento, pero poca paciencia para las cervezas sin alcohol que parecen una disculpa embotellada.

Gluten free: otra pregunta que aparece

También nos preguntan por cerveza sin gluten. No todos los días, pero aparece. Y cuando aparece, muchas veces no es una moda: puede ser una necesidad real. Ahí no hay mucho chiste que hacer.

Otra cosa es cuando todo se convierte en etiqueta de tendencia. Sin alcohol, sin gluten, sin azúcar, sin culpa, sin alegría, sin ganas de vivir. Parece que a veces alguien quisiera que la cerveza pidiera perdón por existir.

Nosotros lo vemos de otra manera. Si algún día hacemos una cerveza sin gluten o sin alcohol, tiene que ser porque podemos hacer algo que siga sabiendo a cerveza. No por quedar bien en una lista de tendencias.

Una opción especial solo tiene sentido si sigue teniendo respeto por el vaso. Si no, mejor decir la verdad: todavía no.

La moderación también es una tendencia real

No todo va de “cero alcohol”. También hay una zona muy interesante entre una cerveza normal y una sin alcohol: cervezas más ligeras, más secas, de menor graduación y pensadas para beberse con calma.

Eso encaja muy bien con nuestra forma de entender Mallorca. Una cerveza de 3,5% o 4% bien hecha puede ser mucho más útil que una bomba de 8% que solo quieres probar una vez. Puede acompañar una comida, una ruta, una tarde larga o una conversación sin ocupar todo el cuerpo.

No todo tiene que ser extremo. No todo tiene que ser fuerte. A veces la cerveza más inteligente es la que sabe retirarse un poco para dejar vivir el momento.

Eso no suena espectacular en Instagram, pero en una barra funciona.

El cansancio de lo extremo

Durante años, una parte del craft vivió de la intensidad: más lúpulo, más alcohol, más fruta, más barrica, más acidez, más rareza, más nombre largo, más etiqueta loca.

Eso dio cervezas muy buenas y también muchas cervezas agotadoras. Llega un momento en que el bebedor no quiere que cada pinta sea un evento. Quiere beber bien.

Creemos que una parte de las tendencias actuales viene de ahí. La vuelta de la Lager, el interés por cervezas más ligeras, el crecimiento del low alcohol y la búsqueda de IPAs más limpias tienen algo en común: menos ruido y más bebilidad.

Eso no significa volver a cervezas aburridas. Significa que una cerveza puede tener carácter sin comportarse como un megáfono.

Qué tendencias tienen sentido para FORASTERA

No todas. Y eso está bien.

Nos interesa la vuelta de las Lager porque nunca nos pareció que fueran cervezas menores. Nos interesan las IPAs bien hechas porque el lúpulo sigue siendo una herramienta preciosa cuando se usa con criterio. Nos interesan las cervezas más ligeras porque Mallorca las pide. Nos interesa la acidez si refresca y aporta algo. Y miramos el mundo sin alcohol con curiosidad, pero también con un poco de desconfianza sana.

No nos interesa hacer una cerveza solo porque esté de moda. Una tendencia tiene que pasar por la fábrica, por el agua de la Tramuntana, por nuestro equipo, por la barra y por una pregunta bastante simple: ¿nos apetece beber esto?

Si la respuesta es no, da igual cuántos informes digan que crece.

Lo que vemos en la barra

En la barra se aprende mucho, pero también conviene no exagerar. No es que de repente todo el mundo entre pidiendo cerveza sin alcohol, Lager perfecta y una Hazy con menos calorías. La realidad es más humana y más mezclada.

En una semana puede que nos pregunten un par de veces por cerveza sin alcohol. Gluten aparece de vez en cuando, quizá una o dos veces al mes. No es una avalancha, pero tampoco es nada. Son señales pequeñas, constantes, de que algunas personas están bebiendo de otra manera o necesitan otras opciones.

También sigue entrando gente que quiere una IPA. Otros piden algo fresco. Otros quieren probar “la más rara”. Otros solo quieren una cerveza que entre bien y no les complique la tarde. Y algunos llegan diciendo que no les gusta la cerveza, cuando en realidad solo han probado siempre la misma.

Por eso no creemos que el futuro sea una sola cosa. No será todo sin alcohol, todo Lager, todo Hazy, todo Sour o todo saludable con cara triste. El futuro, si tiene sentido, será más amplio: más ocasiones, más estilos, más gente preguntando y más necesidad de hacer cerveza que se pueda defender en el vaso.

¿Ese es el futuro que nos quieren vender?

Puede ser. Pero no como nos lo quieren vender.

No creemos en un futuro donde todo tenga que ser sin alcohol, sin gluten, sin azúcar, sin calorías, sin grasa, sin culpa y, si puede ser, sin sabor. Esa versión de futuro parece diseñada por alguien que nunca ha tenido una buena conversación con una cerveza en la mano.

Pero sí creemos que la gente va a pedir más opciones. Algunas por necesidad real. Algunas por salud. Algunas por deporte. Algunas por edad. Algunas porque quieren conducir. Algunas porque simplemente quieren beber menos sin dejar de disfrutar.

Eso no nos parece mal. Al contrario. Lo único que pedimos es que no nos vendan una renuncia como si fuera una revolución gastronómica. Si una cerveza sin alcohol está buena, bienvenida. Si una cerveza sin gluten está buena, bienvenida. Si una cerveza ligera está buena, bienvenida. Pero primero tiene que estar buena.

El futuro no debería quitarnos el placer. Debería obligarnos a hacerlo mejor.

La gente no bebe gráficos

Los informes hablan de porcentajes, crecimiento, categorías y oportunidades. Está bien. Sirven para mirar el mercado. Pero en una cervecería hay algo que pesa más: la persona que entra por la puerta.

Un ciclista no pide igual que alguien que viene a cenar. Una persona que acaba de bajar del Castell d’Alaró no busca lo mismo que alguien que viene a una cata. Un día de agosto no se bebe igual que una tarde de enero.

Las tendencias ayudan a ordenar lo que pasa, pero no lo explican por completo. La gente no bebe gráficos. Bebe momentos.

Por eso preferimos mirar menos el ruido y más el vaso.

La mejor tendencia: cerveza con sentido

Al final, las tendencias van y vienen. Algunas se quedan. Algunas cansan. Algunas vuelven con otro nombre. La cerveza sigue ahí.

Para nosotros, la mejor tendencia es bastante sencilla: cerveza bien hecha, fresca, bebible y con una razón para existir.

Puede ser una Lager limpia. Una IPA con carácter. Una Sour que refresca. Una cerveza ligera que no se queda corta. Una sin alcohol que no parezca una broma triste. O incluso una sin gluten que no use la necesidad de algunos como excusa para hacer algo mediocre.

Lo importante es no confundir tendencia con obligación. En FORASTERA preferimos hacer cerveza que podamos defender en la barra, no cerveza que solo funcione en una frase de moda.

Y si ahora alguien nos quiere decir lo que tenemos que beber, comer, pensar y pedir, perfecto. Que lo diga. Nosotros primero probamos la cerveza. Si no sabe bien, la tendencia puede esperar sentada.

Y si ahora la Lager vuelve a estar de moda, perfecto. Nosotros ya teníamos una cerveza fría esperando.

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